puente algoritmo
minutero cámara fotográfica
haber leído dentelladas
tanta espera saliva o miel
(o vergajo)
la noche osc la voz autor
ura del alma izada de la c
iencia
el cansancio el poema a d
de cruzar un estiempo
cauce seco
2 de febrero de 2010
17 de enero de 2010
VER LLOVER
Para David Torres
El hombre que muestra en su mano una calavera de buey, acusando a quien contempla la fotografía de cada ventana cerrada, de cada lámpara, de cada bolígrafo.
Las efigies de los burgueses, en un rincón de la plazoleta, de noche, mientras cae la cellisca.
La visita al hombre en el sótano, los pliegos por imprimir, los anaqueles sin otras armas que la nostalgia y la corbata de Mersault.
Los vestidos de pedrería en al armario abierto, los pendientes y las sortijas en la mesilla, junto a unas pocas monedas.
Las llaves herrumbrosas.
Decir NO una y otra vez.
El hombre que muestra en su mano una calavera de buey, acusando a quien contempla la fotografía de cada ventana cerrada, de cada lámpara, de cada bolígrafo.
Las efigies de los burgueses, en un rincón de la plazoleta, de noche, mientras cae la cellisca.
La visita al hombre en el sótano, los pliegos por imprimir, los anaqueles sin otras armas que la nostalgia y la corbata de Mersault.
Los vestidos de pedrería en al armario abierto, los pendientes y las sortijas en la mesilla, junto a unas pocas monedas.
Las llaves herrumbrosas.
Decir NO una y otra vez.
1 de enero de 2010
20 de diciembre de 2009
LEJOS
Acabo de mentirle a un fantasma
(Arthur C. Clarke)
En la madrugada, los niños del pueblo nos reuníamos en la plaza, frente a la iglesia, para correr por todas las calles haciendo sonar cencerros y carracas, gritando, tirando piedras contra las puertas y las contraventanas, mientras las mujeres se encerraban en la iglesia para la vigilia, encogidas en sus reclinatorios como si fuéramos en verdad demonios, como si en verdad nos temiesen.
Decíamos que estábamos rompiendo la noche.
Del mismo modo, entro en la estación. No vengo a recoger a ningún viajero; ni siquiera voy a emprender viaje. Llego hasta el andén y enciendo un cigarrillo. Mientras fumo, contemplo la escarcha en los raíles.
Esta vez no hay ningún reflejo.
(Arthur C. Clarke)
En la madrugada, los niños del pueblo nos reuníamos en la plaza, frente a la iglesia, para correr por todas las calles haciendo sonar cencerros y carracas, gritando, tirando piedras contra las puertas y las contraventanas, mientras las mujeres se encerraban en la iglesia para la vigilia, encogidas en sus reclinatorios como si fuéramos en verdad demonios, como si en verdad nos temiesen.
Decíamos que estábamos rompiendo la noche.
Del mismo modo, entro en la estación. No vengo a recoger a ningún viajero; ni siquiera voy a emprender viaje. Llego hasta el andén y enciendo un cigarrillo. Mientras fumo, contemplo la escarcha en los raíles.
Esta vez no hay ningún reflejo.
6 de diciembre de 2009
OTOÑO, APROXIMACIÓN TEÓRICA
Bancal s. m. El espacio de tierra que en las heredades pendientes se allana y cultiva para siembra, ó plantío.
Derrumbadero s. m. El sítio escarpado, y en que los caminantes pueden perder el rumbo, ó tino, y precipitarse.
Henestrosa s. f. El terreno montuoso poblado de hiniestas; y viene del latín gemista, que es retama silvestre.
Majáno s. m. Montecillo de piedras con que se dividen las heredades, o señalan los caminos.
Regajo s. m. Lo mismo que arroyuelo formado por las lluvias, de poca corriente ó permanencia.
Tempa s. f. Pradera natural en los puertos más altos de Asturias, confinantes con las montañas de León, que se halla cercada de peñas ó matorral, que preservan su yerba, y se siegan de guadaña.
(Real Academia de la Historia, Diccionario de Voces Españolas Geográficas, 1796)
Derrumbadero s. m. El sítio escarpado, y en que los caminantes pueden perder el rumbo, ó tino, y precipitarse.
Henestrosa s. f. El terreno montuoso poblado de hiniestas; y viene del latín gemista, que es retama silvestre.
Majáno s. m. Montecillo de piedras con que se dividen las heredades, o señalan los caminos.
Regajo s. m. Lo mismo que arroyuelo formado por las lluvias, de poca corriente ó permanencia.
Tempa s. f. Pradera natural en los puertos más altos de Asturias, confinantes con las montañas de León, que se halla cercada de peñas ó matorral, que preservan su yerba, y se siegan de guadaña.
(Real Academia de la Historia, Diccionario de Voces Españolas Geográficas, 1796)
22 de noviembre de 2009
MUJER CON PIEDRAS EN LOS BOLSILLOS
(El Sur,
un oscuro telón de boca, obsceno
como el salitre, como la humedad
de una lengua rojiza y agrietada.)
Los zapatos guardados en su caja,
al fondo del armario, junto con los
disfraces, las guadañas, los cuadernos.
No hay nombres en mis labios, sino humo.
Él recorta los setos sin saber
que me espera desde hace varios días,
aunque yo permanezca cerca de él,
sentada en esta hamaca, y que tendrá
que esperarme por siempre, sosteniendo
las tijeras comidas por el óxido,
bebiendo el mismo trago de cerveza,
limpiándose las manos en su ropa.
un oscuro telón de boca, obsceno
como el salitre, como la humedad
de una lengua rojiza y agrietada.)
Los zapatos guardados en su caja,
al fondo del armario, junto con los
disfraces, las guadañas, los cuadernos.
No hay nombres en mis labios, sino humo.
Él recorta los setos sin saber
que me espera desde hace varios días,
aunque yo permanezca cerca de él,
sentada en esta hamaca, y que tendrá
que esperarme por siempre, sosteniendo
las tijeras comidas por el óxido,
bebiendo el mismo trago de cerveza,
limpiándose las manos en su ropa.
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