19 de abril de 2010

EL NOMBRE DE CADA PLANTA

Cada noche sin lápices

(de nada servirían),

sin naipes ni oraciones

en casa del maestro,

mientras el otro, al modo

de los demás cadáveres,

preguntaba

(palada)

repetía

(palada)

la pregunta

(palada)

olvidaba

(palada tras palada,

para qué tanto barro

si aún se ven los ojos)

lo que respondería

el maestro en su hogar:

árnica
laurel
ajedrea...

No hay fotografías

del encuentro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No habrá fotografías pero se sueña a 24 fotogramas por palada
M

Álvaro Muñoz Robledano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Álvaro Muñoz Robledano dijo...

Gracias, M. Su sueño eleva el poema hasta donde éste no imaginaba que llegaría.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Oiga, que a ver si le da la pala, que esto ya huele.

Respetuosamente.

Fdo: Gregor Samsa, travesti radical

Álvaro Muñoz Robledano dijo...

Gregor, Gregor, que por menos saco el Raid...
Un abrazo