Cada noche sin lápices
(de nada servirían),
sin naipes ni oraciones
en casa del maestro,
mientras el otro, al modo
de los demás cadáveres,
preguntaba
(palada)
repetía
(palada)
la pregunta
(palada)
olvidaba
(palada tras palada,
para qué tanto barro
si aún se ven los ojos)
lo que respondería
el maestro en su hogar:
árnica
laurel
ajedrea...
No hay fotografías
del encuentro.
19 de abril de 2010
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5 comentarios:
No habrá fotografías pero se sueña a 24 fotogramas por palada
M
Gracias, M. Su sueño eleva el poema hasta donde éste no imaginaba que llegaría.
Un abrazo.
Oiga, que a ver si le da la pala, que esto ya huele.
Respetuosamente.
Fdo: Gregor Samsa, travesti radical
Gregor, Gregor, que por menos saco el Raid...
Un abrazo
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